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Islas Ballestas y Reserva Natural de Paracas por libre

La Reserva Natural de Paracas, en Perú, es un fantástico desierto con playas y paisajes increíbles. Se puede recorrer de varios modos: – en autobús: 20 soles por 4h – en coche privado: 80 soles por 4h – en buggy o quad: 100 soles por 2 horas – en bicicleta: 30 soles por todo el día Nosotros optamos por alquilar unas bicicletas e ir por libre, disfrutando del paisaje y regulando nuestro propio tiempo. Estuvimos todo el día (a un ritmo pausado) y cumplimos con el principal recorrido, aunque si vais con más tiempo o más deprisa podéis ampliar la excursión a otros sitios como la playa de La Mina o Los Frailes. También recordad que la Reserva de Paracas tiene una extensión de más de 3.000km2 y hay mucho más por ver hacia al sur. La ruta está bien marcada porque sigue en paralelo la carretera que usan los coches y los autobuses, pero no os preocupéis porque no hay mucho tráfico y van a una hora determinada de la mañana y de la …

Sin dudas, Iguazú

Habrá quien, como el que escribe, pueda tener alguna duda sobre si vale la pena desviarse (bastante) de la ruta prevista para visitar las Cataratas de Iguazú. Puede ser, dependiendo de la ruta prevista, que las cataratas queden un poco a desmano. Es posible que, en viajes con un presupuesto medianamente ajustado, el gasto que implica acercarse hasta Puerto Iguazú (Argentina) o Foz do Iguaçu (Brasil) sumado a la entrada al Parque Nacional se salga un poco de lo planificado. A algunos, quizás, les corroerá esa duda que asalta antes de visitar los lugares que el ser humano ha elevado a la categoría de míticos: ¿será tan grande como dicen?, ¿tan impresionante?, ¿de verdad compensa el esfuerzo? Si poder asomarte al balcón de una triple frontera internacional (Argentina, Paraguay y Brasil) formada en el punto donde se unen los ríos Paraná e Iguazú no es suficiente, la visita al Parque Nacional de las Cataratas de Iguazú lo será. Y sí, es necesario hacer las dos partes del parque. Desde aquí recomendamos empezar por la zona …

CHINA – Pisando la Gran Muralla

Esa era la última torre, la 23. Solo nos esperaba una mujer en un tenderete improvisado con algunas bebidas. “¡Sois los primeros occidentales que llegáis!”, nos dijo, o eso entendí yo queriendo llenarme de orgullo aunque fuera difícil de creer, pero se agradecía después de recorrer 17 torres de vigilancia y un sinfín de escalones. El hecho es que habíamos llegado a la última atalaya de la Gran Muralla china, al menos a la última accesible a los turistas.