Perú, Viendo la vida pasar
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“¡Rema, rema, rema!”

—Esa que viene está grandassa, brother —me grita Carlos mientras miramos, sentados en el agua, el horizonte. Él, analizando la serie de olas que está entrando. Yo, sinceramente, más pendiente de disfrutar del paisaje y la fauna marina que nos rodea.

—¡Túmbate!

Giramos con la tabla dejando la ola que se aproxima, levantándose sobre la superficie aparentemente inmóvil del Pacífico, a nuestra espalda. Con el nose (la punta) del longboard apuntando hacia la playa de Máncora, en el norte más al norte de Perú. Poco más allá se encuentra la frontera con Ecuador.

—¡Rema, rema, rema! —me grita de nuevo, agarrado al tail (la parte de atrás) de mi tabla mientras él también le da caña a las aletas que lleva calzadas. Me quedo sin aliento remando, o lo que es lo mismo, utilizando los brazos para impulsar la tabla hacia delante sobre el agua. Como si nadaras a crol. Menos mal que tengo a Carlos cubriéndome las espaldas.

Cogemos la ola, que ahora nos impulsa sin esfuerzo. Estamos dentro.

—¡Unos, dos, tres! —escucho que Carlos me marca los tiempos para el take off, ponerse de pie sobre la tabla, vaya. Y lo consigo. Hay pocas sensaciones como esta, y quieres vivirla una y otra vez.

—!Yuuhuuu! —aúlla Carlos a lo lejos, después de haber soltado la tabla una vez me puse de pie. Sigo avanzando con la ola, el tiempo se estira aunque no lo suficiente. La ola, en la que uno querría seguir subido eternamente, pierde fuelle y yo el equilibrio llegando a la orilla.

Ahora viene lo menos divertido de todo esto: remar de vuelta al pico (el punto adecuado para volver a coger otra ola, allí donde se levantan), sorteando el resto de olas de la serie que ahora me como de cara.

—¡Esa estuvo grandassa, brother —me motiva Carlos al llegar a su lado. Mientras descansamos (descanso) sentados de nuevo en la tabla, Carlos me confirma que es de Máncora.

—Soy local (léase en inglés), bro.

También me cuenta que estuvo un tiempo dando clases de surf en Costa Rica, y que se mete al agua con una tabla todos los días de la vida. Se nota, tiene una espalda como un armario, unos pectorales como mi cabeza y su porcentaje de grasa corporal debe ser negativo. Además del bronceado consistente y la melena rizada aclarada por el sol.

—Túmbate, mi rey —corta Carlos la cháchara. Ahí viene otra serie y es a lo que hemos venido.

—¡Rema, rema, rema!

 

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