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CHINA – Los bailes de Shanghái

Paseaba por Nanjing Road, la arteria comercial de Shanghái. Su ritmo frenético, las luces de neón y la interminable sucesión de escaparates no paraban de reclamar mi atención cuando escuché lo que parecía ser un tango.

Salía de un pequeño altavoz portátil situado en un lateral de la calle. A su alrededor, cinco o seis parejas bailaban entregadas, sin prestar atención al coro de observadores que les flanqueaban.

Estuve un rato disfrutando del espectáculo. Ver deslizarse a una pareja de ancianos chinos al son de los acordes argentinos no dejaba de ser una visión singular. Tras unos minutos continué mi camino, caía la tarde y parecía que la actividad de la calle aumentaba a la vez que la luz menguaba.

Nanjing Road

Pareja bailando en Nanjing Road, Shanghái

A tan solo unos metros volví a escuchar música, y entonces comprendí el significado de esas lecturas que antes de mi viaje me advirtieron sobre la delgada línea que separa la vida privada y la pública en este país.

Delante de mí había un grupo enorme, no veía el final, de señoras bailando con una coreografía perfectamente aprendida. Organizadas en filas, compartían en harmonía su momento de gimnasia callejera. La masa humana se extendía bastantes metros y sus protagonistas iban evolucionando según te acercabas al final. De las mujeres uniformadas que bailaban casi con precisión militar, se pasaba a personas experimentadas en el ejercicio, pero ya sin la rigidez de la vestimenta. En última posición se situaban los espontáneos transeúntes que se habían unido a la escena sin más afán que pasar un rato divertido, y sin importarles demasiado sus pocas nociones de baile. Muchos de ellos, claro, eran turistas.

La música provenía de grandes altavoces colocados en las fachadas de los edificios contiguos; era evidente que esa actividad no era espontánea. La organización y la determinación del espectáculo daban a entender que era una reunión habitual y programada a la que acudía la gente para practicar ejercicio de forma colectiva.

Nanjing Road, Shanghai, China

Coreografía grupal en plena calle

Las parejas de tangueros o la coreografía grupal sería solo un avance de lo que vería durante el resto de mi estancia en Shanghái. Según exploraba la ciudad, siempre al amanecer y al atardecer, encontraba grupos de personas ejercitándose en la calle. Algunos bailaban, otros practicaban tai-chi, y casi todos eran mayores. Gente de avanzada edad que se mantenía sensacionalmente activa.

También vi parques con mini pistas de atletismo ataviadas con letreros que ofrecían consejos para el ejercicio físico. Entre ellos, el parque que marca el centro de lo que fue el gueto judío de Shanghái, aproximadamente entre los años 1927 y 1950, en el actual barrio de Hongkou.

Dejando atrás el crudo pasado de ese área, allí los abuelos andaban graciosamente para atrás, moviendo enérgicamente los brazos. Seguían uno de esos consejos de los letreros dónde se indicaba que caminar rítmicamente hacia atrás es una de las mejores maneras de ponerse en forma.

Pasaron los días y allí dónde iba las calles de Shanghái se abrían a sus gentes ofreciendo un gran escenario para la ejercitación del cuerpo, pero también para la conversación, la contemplación, la compañía y tantas otras acciones que en nuestro mundo parece que han quedado relegadas a la individualidad. Sin duda, eso sí es disfrutar de la vida en la calle.

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