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BRASIL – Ilha Grande, de prisión a paraíso

Hace poco menos de dos décadas, Ilha Grande, situada delante de la costa del Estado de Río de Janeiro, era el lugar de presidio de los reos comunes de la zona. La prisión de Cándido Mendes fue el último vestigio de una isla reservada durante siglos al arresto y escondrijo de delincuentes.

Ya en el siglo XVI se ofrecía refugio a piratas, contrabandistas y traficantes de esclavos. Más tarde, el emperador Pedro II construyó un hospital para leprosos y marineros portadores de todo tipo de enfermedades que pasaban la cuarentena en esta isla hasta conseguir el permiso para pisar suelo brasileño.

Este traumático pasado puede haber mantenido Ilha Grande al margen del turismo hasta hace escasos años, y gracias a esto, hoy sus playas y selvas guardan un romántico aspecto virginal. Una imagen compuesta por una vegetación incontrolada de un verde energético, y unas playas desiertas flanqueadas por palmeras que recuerdan a películas de supervivientes.

LopesMendes

Playa de Lopes Mendes

Actualmente, la isla está considerada reserva biológica y es objeto de estudio por parte de investigadores de la Universidad de Río de Janeiro. Esto, está ayudando, sin duda, a la preservación de sus paisajes, junto con la prohibición de circular con vehículos a motor, por lo que el transporte se reduce a barcas, bicicletas y paseos a pie. No se lo piensen, los amantes del senderismo.

Todas las rutas posibles salen de la población de Abraão, el principal puerto de la isla y de hecho, el único punto de comunicación directo con el continente. En el reducido perímetro del pueblo, formado por pequeñas casas de colores y bordeado por un mar de barcas, se encuentran los principales alojamientos y comercios de la isla. Más allá, las comodidades de la civilización se diluyen y sólo queda confiar en los pescadores locales y su hospitalidad, ya sea para encontrar comida como para un sitio dónde dormir. A pesar de eso, escondidos en playas como Las Palmas también se pueden encontrar campings dónde dormir por un módico precio (no os olvidéis informaros antes de salir de Abraão).

Retomando el tema de las caminatas, en general están todas señalizadas y se pueden hacer excursiones desde un día o unas horas, a largas travesías que llegan hasta el extremo oeste de la isla. Entre los lugares más atractivos para visitar están la que dicen es una de las playas más bonitas del mundo, Lopes Mendes (sud-este de la isla), el pico del Papagayo, el punto más elevado y fácilmente identificable por su forma, o sin lugar a duda, el Lagoa Azul. Hablamos de una pequeña entrada de mar rodeada por islotes, similar a un lago de agua cristalina. La calma de estas aguas y su color azul transparente la convierten el en lugar perfecto para practicar snorkel y disfrutar la biodiversidad de la zona.

Al sur queda oculta la joya de la corona, la playa de Parnaioca. Su esplendor es equiparable a lo difícil de su acceso.

Recordad, que a estos estos pequeños paraísos sólo se accede a pie o en barca. Caminando, ocasionalmente tendréis que sortear senderos desdibujados entre la selva, así que es recomendable estudiarse bien el camino antes de partir y traer un calzado adecuado ya que la arena de la playa es solo el destino final.

Los botes son una alternativa más cómoda y rápida aunque también más cara. Hay embarcaciones con capacidad mediana que salen de Abraão hacia las principales playas. Tienen un precio asequible pero sólo garantizan el viaje con un mínimo de pasajeros. Fuera de la época estival (diciembre – marzo) es posible que no se alcance el número de turistas y en ese caso, os quedará la opción de coger un taxi boat. Son pequeñas barcas de pescadores, que de esta forma consiguen unos ingresos extras. Con ellos podéis negociar el precio, pero siempre será más elevado que viajar en un barco turístico. A cambio, se puede escoger itinerario y, si hacéis un recorrido por distintas playas, el tiempo que le queráis dedicar a cada parada. También se gana la oportunidad de hablar con un local y conocer de primera mano las historias de la isla.

“Debe haber islas allá hacia el sur de las cosas donde sufrir sea una cosa más suave, dónde vivir le cueste menos al pensamiento, y dónde uno pueda cerrar los ojos y dormirse al sol y despertar sin tener que pensar en responsabilidades sociales ni en el día del mes o de la semana que es hoy”. – Álvaro de Campos-

 

¿Por qué no Ilha Grande?

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