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DINAMARCA – Christiania, la última comuna hippie de Europa

En los años 70 un grupo de idealistas que buscaban vivir en libertad siguiendo las leyes de la anarquía y el amor decidieron ocupar unos terrenos militares abandonados en el barrio de Christianshavn de Copenhagen.

La aventura fue permitida por el gobierno quien la consideró un ‘experimento social’, y les condujo a construir un pueblo independiente con casas edificadas por los mismos ocupantes, con leyes distintas y hasta moneda propia, así nacía Christiania.

Después de 30 años, el sueño se ha ido diluyendo y lo que ven ahora los turistas queda lejos del idealismo de los primeros tiempos. A pesar de la decadencia del lugar, sigue siendo una visita ineludible para quien visite Copenhagen, pero antes de hacerlo es interesante conocer la filosofía del lugar y algunas de las leyes que lo rigen.

El espacio que ocupa se considera región ‘libre’, es decir, que no pertenece a la Unión Europea y goza de unas leyes propias acordadas en asamblea por la comunidad residente. Éstas se basan principalmente en la libertad, el ecologismo y el respeto por los otros. En este marco, se aceptan por ejemplo las drogas blandas, pero no las duras, no se permite circular con vehículos a motor, ni entrar con armas y evidentemente tampoco se tolera ningún tipo de violencia. Por contra, se fomenta el intercambio de objetos (ropa, por ejemplo) en vez de su compra, la comida ecológica y en general una economía autosostenible y autogestionada por los mismos habitantes, así como una gran vida cultural y artística. De hecho, todos los comercios son propiedad de residentes de Christiania y nadie se puede construir una casa dentro de sus límites sin la aprobación del resto de la comunidad.

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Casa amarilla en Christiania

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Templo budista en Christiania

Bajo estos preceptos, el sitio parece idílico, y en muchos de sus aspectos lo es, pero la modernidad, la globalización y en especial, la mercantilización llega a todas partes aunque se quiera evitar. 

Cuando uno entra a Christiania, de las primeras cosas con la que se encuentra es Pusher Street, lo que sería la arteria comercial y donde se concentran todos los puestos de souvenirs y los vendedores de marihuana y hachís. Esta imagen puede distorsionar las ideas preconcebidas, por ello este es el momento de recordar todo lo que hay detrás y seguir avanzando en el camino. Al final de la calle se encuentra una zona de bares. Si se tiene suerte de hacer la visitar en verano, es casi obligatorio tomarse algo en una de las terrazas y ya puestos, os recomiendo probar una de las variedades locales de cerveza.

Para el resto de la visita dejaros llevar por la filosofía del lugar, y simplemente disfrutad de un paseo sin rumbo fijo. Lo más bonito de Christiana es perderse por los infinitos caminos recubiertos de vegetación y observar algunas de las casas construidas a mano por los mismos propietarios (las paredes y ventanas desiguales os indicarán fácilmente cuales son), también las obras de arte que hay en los márgenes.

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Jardín de una casa cualquiera en Christiania

Entre algunas de las curiosidades que encontraréis, serán un supermercado con productos bastante más baratos que en el resto de la ciudad, tiendas de bicicletas de todas las modalidades, un establo con caballos, un pequeño templo budista, contenedores de ropa de segunda mano para intercambiar y el bar Operaen Café, muy recomendable. Los domingos por la noche se celebran jam sessions donde cualquiera que se lo proponga puede salir al escenario y tocar en directo, solo es necesario apuntarse a la lista con un poco de antelación y ser valiente, el nivel es muy alto!

Algunos les encantará y otros saldrán decepcionados. Christiania es así, no deja indiferente. La pregunta es hasta cuando. En los últimos años el gobierno danés ha intentado en varias ocasiones intervenir en la comunidad, y hasta se han propuesto planes de desalojo. De momento no lo han conseguido y parece que gran parte de la sociedad civil de Copenhagen se opone, pero el futuro de la última comuna hippie, desafortunadamente, es una incógnita. La lucha vecinal tiene fuerza y lo ha demostrado en numerosas ocasiones, pero si visitáis Copenhagen no dejéis perder la oportunidad de descubrir este sitio único en el mundo, no sabemos hasta cuando será posible hacerlo.

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